Llevas años enseñando. ¿Sigues aprendiendo tú?

Hay una pregunta que me incomoda cada vez que la pienso. No porque no sepa responderla, sino porque la respuesta honesta requiere parar un momento y mirarse sin excusas. ¿Cuándo fue la última vez que aprendiste algo nuevo como profesor? No como músico, no como persona — como profesor. ¿Cuándo fue la última vez que algo en tu forma de enseñar cambió de verdad?

Llevamos años perfeccionando nuestra materia. Sabemos de intervalos, de ritmo, de escalas. Pero el conocimiento de la asignatura y el conocimiento de cómo enseñarla no son lo mismo. Y confundirlos tiene consecuencias.

El problema es que nadie nos avisa cuando dejamos de crecer. No hay ninguna señal de alarma, ningún aviso en el sistema. La clase sigue funcionando, los alumnos siguen aprobando, y sin embargo algo se va quedando rígido por dentro. A veces esa rigidez tarda años en notarse. Otras veces se nota el primer día del curso, cuando entras al aula y sientes que estás repitiendo un guión que ya no te pertenece del todo.

El alumno que tienes delante ya no es el de hace diez años

La Generación Alfa — los nacidos a partir de 2010, aproximadamente — crece en un entorno de sobreinformación permanente. Procesan la información de otra manera: en fragmentos, en imágenes, con una tolerancia mucho menor a la espera. Los estudios recientes sobre este perfil generacional describen alumnos hiperconectados pero con menor capacidad de atención sostenida.

Traducido al aula de lenguaje musical: el alumno que se sienta delante de nosotros hoy necesita anclas visuales, cambios de ritmo en la clase y una conexión clara entre lo que aprende y lo que ya sabe. Si seguimos enseñando como enseñábamos hace diez años — con los mismos recursos, la misma estructura, el mismo ritmo — no es que seamos malos profesores. Es que estamos hablando un idioma que ese alumno ya no entiende tan bien.

La caja de herramientas de un buen profesor

Hay una idea que me parece especialmente útil para entender por qué la formación continua importa. Viene de la psicología del aprendizaje y se llama andamiaje — la idea de que el buen profesor no es el que da todo hecho, sino el que ofrece justo el apoyo que el alumno necesita para dar el siguiente paso él solo. Y después retira ese apoyo.

Para eso hace falta tener muchas herramientas. Si solo sabes usar el martillo, todo te va a parecer un clavo. El alumno que no entiende una síncopa necesita una cosa; el que tiene miedo a equivocarse necesita otra; el que se aburre porque va muy por delante necesita algo completamente distinto. Un profesor con una sola estrategia puede enseñar bien a una parte de sus alumnos. Un profesor con una caja de herramientas amplia puede enseñar bien a casi todos.

Ampliar esa caja es exactamente para lo que sirve formarse. No para acumular títulos. Para tener más respuestas cuando el alumno te presenta un problema que todavía no sabes resolver.

Formarse no es una obligación. Es una decisión.

El informe TALIS de la OCDE lleva años señalando algo que cualquier docente reconoce si es honesto: los profesores que no se forman se agotan antes. No porque trabajen más, sino porque trabajan siempre igual. La rutina sin renovación desgasta de una manera particular — esa sensación de que cada curso es una repetición del anterior.

Formarse no significa matricularse en un máster cada año. Significa tomar decisiones pequeñas y sostenidas: leer sobre lo que no sabes, probar algo distinto en clase aunque salga mal, escuchar a un colega que enseña diferente a ti. Significa tratar tu propia práctica docente con la misma curiosidad con la que tratas la música.

Y aquí está la paradoja que me parece más honesta: nadie te va a obligar. No hay inspector que revise si te has formado este año, no hay consecuencia inmediata si decides quedarte donde estás. La formación continua es una decisión que se toma en silencio, sin público, sin aplauso. Por eso es tan fácil no tomarla. Y por eso, cuando alguien la toma de verdad, se nota — no en el currículum, sino en el aula.

Tus alumnos están cambiando. La pregunta no es si debes adaptarte. Es si estás dispuesto a hacerlo antes de que ellos dejen de necesitarte.

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